Nuestro cuerpo crece, se engrosa, cambia de tonalidades; nuestro pelo cambia de textura, color y en muchas ocasiones cambia de ubicación para no volverlo a tener donde alguna vez lo tuvimos. Nuestros dientes mudan por otros y al igual que nuestro pelo en algunos casos desaparecen para siempre. Es nuestro cuerpo el mejor ejemplo de que el ser humano nació para cambiar.
Cambiamos de ropa, de residencia, de escuela, de trabajo, de pareja y a veces de religión, e incluso hasta de familia completa.
¿Y qué pasa con nuestra psique? Ésa, sin lugar a dudas se ve transformada día con día, de manera constante aunque tal vez no tan evidente como cambia nuestro físico.
No obstante, que nuestra vida está cambiando siempre; hay algo que es prácticamente imposible de cambiar, y eso es nuestra afición y lealtad a nuestro equipo de fútbol o del deporte del que seamos seguidores. Cosa curiosa pues en un sentido estricto, nuestro amor y fidelidad al equipo es la pasión más incomprensible e intangible que se le puede profesar a una institución que se encuentra en constante cambio. ¿Cómo es posible que permanezcamos fieles a una entidad que cambia de un año a otro de integrantes, de técnico, de uniforme, a veces hasta de escudo, nombre e incluso de sede? Léase por ejemplo Atlético Español-Necaxa; o Atlante que después de ser uno de los equipos más tradicionalmente chilangos, hoy, juega en Cancún. ¿Cancún? ¿Acaso alguna vez Cancún se caracterizó por su afición al fútbol?
Bueno, y así como estos tres equipos anteriormente mencionados, podríamos hablar de otros ejemplos, que sin importar sus cambios, mantendrán a un leal y vehemente grupo de seguidores que los venerarán a lo largo de los años sin importar las decepciones y satisfacciones que puedan darles a sus aficiones.
Todo esto viene a colación, al plantearme la sublime sensación que sería para todos los que nos consideramos fanáticos de las Chivas del Guadalajara en caso de que por primera vez en su historia ganara la Copa Santander Libertadores, algo así como el equivalente a la Champions League de Europa pero de América, por cierto, este torneo es aún más antiguo que la mencionada y por supuesto prestigiada Champions. Desde luego la calidad de juego, hoy por hoy es más vistosa y sin duda, considerablemente más cara que el torneo sudamericano al que ahora tenemos acceso como equipo invitado pues este torneo, no hay que olvidarlo, es para los equipos sudamericanos pertenecientes a la COMEBOL y nosotros para bien o para mal pertenecemos a la CONCACAF.
En fin, para amargura de los rivales de siempre en el fútbol nacional las Chivas son el equipo que más títulos tiene en su haber en la historia del balompié nacional, semillero de grandes jugadores de todos los equipos mexicanos y de las diferentes selecciones nacionales, así como últimamente exportador de jugadores mexicanos a Europa. (Maza, Salcido, Vela, “Chicharritou”, sin mencionar algunos otros que en el pasado también jugaron en Europa, tal vez sin tanta “estrella” o talento como lo hacen éstos.
Si así fuera, sería el primer gran título internacional en sus vidrieras que pudiera tener nuestro cuadro rojiblanco en las últimas seis décadas, ya que desde 1962 no obtiene un título internacional oficial siendo ese último el de campeón de la CONCACAF, que por supuesto y con todo respeto para los equipos vecinos de la zona, no se podría comparar en lo más mínimo con lo que representaría el de la Copa Santander Libertadores. Este título, solo sería comparable al que obtuvo hace 4 años el Pachuca al conquistar la Copa Sudamericana, algo así como el equivalente al de la UEFA en Europa, digamos, el segundo torneo en importancia en América después de la Libertadores. Por lo tanto, independientemente del equipo poseedor de nuestra filias nacionales, sería sin duda un orgullo nacional para el fútbol mexicano que pudiéramos conquistar dicha copa, pues ya tendríamos dos equipos que hubiesen ganado los dos torneos a nivel de clubes más importantes de América.
El día de hoy gane o pierda, yo, al igual que muchos otros mexicanos que nacimos predestinados a crecer y morir yéndole a las Chivas gritaremos desaforadamente apoyando con nuestro corazón y pasión que no sabe de razonamientos, de cambios de directivos o de estadio: “CHIVAS, CHIVAS, CHIVAS”