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martes, 28 de septiembre de 2010

Helado de limón (Germán Dehesa, dic. 2009)

Aún no se cumple un mes de que Germán Dehesa decidiera irse y dejarnos el "tiradero botado" y sin embargo se le extraña como si se hubiera ido desde hace años.

He aquí una muestra de la elegante sencillez que tenía para jugar con la pluma y las palabras que sin duda sedujeron muchas conciencias y sentimientos a lo largo de su vida.


Hace algunos días conocí a una hermosa y joven mujer. Con tal de poder permanecer cercano al aroma y lozanía de esta muchacha, le platiqué mil historias debidamente sazonadas por la ficción, pues sin ella la historia es insípida y sin interés. Muchas cosas le dije, menos la que hubiera querido decirle:


Muchacha eres muy bella. Si yo ahora tuviera 20 años, me volvería loco e inventaría mil caminos que llevaran a tu corazón.

Muchacha eres muy bella. Si yo ahora tuviera 40 años, el deseo de estar en ti me resultaría insoportable por doloroso. Te ofrecería mi vida, mis bienes, mi porvenir con tal de que éste se mezclara y confundiera con el tuyo. Te llevaría a conocer el mundo para que tú me permitieras conocer y desvelar esos misterios que adivino cuando me miras. Miles de poetas me ayudarían a decir algo tan elemental y vertiginoso como "no puedo vivir sin ti". Conoceríamos juntos el color y el volumen de la belleza humana y a toda hora estaríamos juntos. Nos dolería el dolor del mundo, pero éste sería soportable si me bastara alzar los ojos y descubrir con inédito asombro que ahí sigues a mi lado. Te permitiría vivir tu vida y yo viviría la mía, pero cada uno estaría habitado por la tenue sombra del otro y así seguiríamos juntos. Aprendería lo que a ti te gusta aprender y juntos aprenderíamos a escribir para así lograr dibujar los símbolos reunidos que cifraran nuestros nombres.


Muchacha eres muy bella. Si yo ahora tuviera 50 años, mi amor por ti mucho tuviera de magisterio. Serías mi discípula y yo tu enternecido maestro. El sexo atemperado se manifiesta en la ternura. Me sentiría urgido de depositarme en ti y que conocieras mis infamias y mis grandezas. Pasearíamos, miraríamos, nos miraríamos y todo eso tendría una lánguida cadencia de vals.


Muchacha eres muy bella. Ahora tengo 65 años y tengo muy poco que ofrecerte. Mi porvenir es precario y muy delgado. Se me ocurre que lo único que puedo convidarte es un gran helado de limón. A mí me gusta mucho y espero que a ti también. Por favor, entiende que ya es casi lo único que puedo ofrecerte pleno, antojable y fresco. Un helado de limón puede ser la correcta metáfora del amor.

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