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viernes, 8 de abril de 2011

"Los poetas muertos"

Hace unos días, recibí el correo de un amigo al que considero uno de mis hermanos y que cierto estoy, él me considera igual. Han pasado varios días y aún no logro descifrar lo que sus palabras despertaron en mí. Intentaré en este espacio expresar ideas un poco inconexas pero que él podrá darle el sentido correcto a mi incongruencia.

Podría empezar hablando de una historia que comenzó 28 años atrás, donde un par de adolescentes marcaban su territorio y establecían reglas que jamás deberían violarse.

En aquel tiempo fuímos Nervo y Acuña, Demian y Sinclair, Horacio y Hamlet, fuimos por qué no Lennon y Mc Cartney. Nos devoramos el cine de ese tiempo y saboreamos el que nuestros padres nos enseñaron de niños, hablábamos de “El Figaro” y sabíamos como nadie las canciones de Curiel y Arcaraz, lo que nos envestía de un mágico poder para revivir a voluntad a nuestros padres e invitarlos a jugar en nuestras interminables y alucinantes tertulias de dominó, música y alcohol para juntos ser “La sociedad de los poetas muertos”.

Recreábamos a Casanova y al ibérico Don Juan, quienes entre canciones y poemas seducían a las musas de la noche. No existían límites, característica normal de la juventud. El cansancio y los excesos no hacían mella en nosotros, sin importar qué tanto de la vida nos hubiésemos bebido y respirado el día anterior; a la mañana siguiente, podíamos correr en una cancha de fútbol emulando a Butragueño y siendo tan duros como Quirarte para no dejar pasar al contrario.

Después, los caminos se separaron por nuestras diferentes actividades y profesiones y aunque el trato ya no volvió a ser tan frecuente, hemos sabido enriquecer el conocimiento y el respeto por el otro, sabiendo que estaremos cuando el otro lo necesite.

Hoy, a pesar de que hemos dejado de ser los conductores suicidas de aquel tiempo, queremos ser inmortales mucho tiempo más, postergando indefinidamente, el día que en el Parque México con boina y con bastón, nos sentemos a recordar -y sin duda- a deformar con fantásticas historias que nunca sucedieron lo que fue la realidad.

“Mis grandes vestigios de amistad han sido para ti” M.B.


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