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martes, 30 de noviembre de 2010

“Si perdeis sereís los mejores…si ganaís sereís eternos” (Pep Guardiola, 2009)

El 29 de noviembre de 2010, será una fecha que quedará grabada en la memoria no solo de los aficionados culés y madridistas (obvio por razones diferentes), sino también en el recuerdo de todos los que admiramos el fútbol y creemos que la afición por un equipo es también una forma de concebir la vida.

Quien haya visto el partido entre el Barcelona y el Real Madrid, sabrá que no exagero al decir que fue uno de los partidos más espectaculares de la historia del balompié, donde se pudo contemplar a la máxima expresión, la disciplina, la labor de equipo, el liderazgo, el entendimiento que solo puede darse cuando existe algo más que jugar por dinero. Ayer, el Barsa demostró una vez más que el “jogo bonito” no es una moda o un estilo impuesto por los jugadores brasileños. Es una máxima que ellos llevan a cabo y que nosotros simples mortales, espectadores y fanáticos, podemos disfrutar viéndolos jugar.

Sin duda, momentos como los que protagonizó la selección brasileña del 70 con Pele, Tostao, Rivelino, Jairzinho, Gerson y Carlos Alberto. O la poderosa Alemania del 70 y 74 de Beckenbauer, Overath, Sepp Maier y Müller; la “Naranja Mecánica” de Cruyff, Neeskens y compañía o de la Argentina del 86 de Maradona, Ruggeri y Valdano. Han plasmado en nuestra memoria las razones de porque nos emocionamos algunos, hasta las lágrimas cuando vemos una demostración del mejor fútbol que se pueda llevar a cabo en cualquier latitud del planeta, reconociendo y agradeciendo que la humanidad no tenga más coliseos romanos en donde sacrificar cristianos para despertar las pasiones primitivas que nos hacen sentir vivos y que a través de los años hemos podido sublimar ligeramente en los deportes.

Ayer, se enfrentaron los que para muchos, incluyéndome, pensamos son los dos mejores equipos del mundo. Lamentablemente para el Madrid y afortunadamente para los que aún sin ser catalanes amamos al Barsa. Solo un equipo pudo demostrar la excelsitud de su nivel.

Un juego donde fue borrado del mapa el club merengue, pero no porque ellos fueran malos o hubieran salido en una mala noche. No, el Madrid venía en su mejor nivel de los últimos 4 años, con un punto arriba en la tabla general sobre el Barcelona. Traía a muchos de los mejores jugadores del planeta entre ellos al más caro, el portugués Ronaldo, traía a varios campeones del mundo como Xabi Alonso, Iker Casillas (el mejor portero del mundo según los expertos), Ramos y Arbeloa. Invictos en la liga, con más goles anotados y menos recibidos; con el líder goleador (Ronaldo) hasta el momento y con una nómina que podría sacar de apuros a varios países de África por lo menos algunos meses. Y por si eso fuera poco, también tenía en el banquillo a uno de los técnicos más prestigiados y más caros del mundo: Mourinho.

Por el otro lado, el equipo de casa, atravesaba por un buen momento y a la alza, pero en el papel parecía que sería el juego más parejo de los últimos encuentros, que por cierto los últimos cuatro los ha ganado el Barsa.

En su alineación, prácticamente el resto de los campeones del mundo. Puyol, Piqué, Iniesta, Xavi Hernández, Pedro, Villa y el mejor portero del mundo según yo: Valdés. Pero por si esto fuera poco al mejor jugador del mundo en este momento: Messi. En el banquillo el mejor director técnico del mundo, según sus resultados: Josep Guardiola.

La diferencia, es que ellos no se dicen aún los mejores del mundo, ni siquiera se hacen llamar el “dream team” emulando al famoso dream team de los 90’s donde por cierto también militó Guardiola como jugador y que este equipo sin duda ya es superior a aquellos grandes de la historia blaugrana.

No, ellos niegan reiterativamente ser los mejores del mundo, pero perdón, todos sabemos que lo son y ayer tan solo lo reafirmaron con esa sinfonía de toques, jugadas individuales y en conjunto; con el conocimiento de saber quién viene corriendo detrás del que lleva el balón sin decirse nada, o sabiendo quién estará 30 metros adelante, a la hora de driblar al contrincante y lanzar el balón al extremo contrario para que éste lo reciba y con una o dos jugadas más lo convierta en gol.

Ayer agradecí una vez más en medio de mis lágrimas y gritos de euforia sentirme tan vivo y contemplar el gol de los 22 toques que consumó Pedro para comenzar lo que sería una “sinfonía perfecta” de fútbol.

Visca Barsa!!!