¿Qué es el acoso en la pareja? ¿Alguna vez se lo han preguntado? Es curioso, si a alguien se le ocurre buscar en internet sobre el tema, encontrará diversas entradas que hablan sobre el acoso laboral; llamado pomposamente
mobbing, también encontrará suficiente material del tan mencionado acoso escolar llamado
bullying, y por supuesto del acoso sexual conocido también como
sexual harassment. Y aunque estas conductas sean en nuestro idioma tan mencionadas ahora con nombres anglosajones, siempre han existido y hay un gran material de consulta al respecto.
Sin embargo, a la hora de que se quiere investigar sobre el acoso u hostigamiento en la pareja, como por arte de magia el tema se difumina en la red.
De hecho, tampoco en el cine o en la literatura existen tantas referencias al respecto como con otros temas; se me vienen a la mente por ejemplo,
Fatal atraction y novelas como
El hombre equivocado de
John Katzenbach. No dudo que haya más sin embargo, son pocas las que vienen a la memoria a la hora de hablar de este tema en particular.
El acoso en la pareja se manifiesta de diversas formas y no es exclusivo de un género en particular, ya que lo sufren hombres y mujeres; heterosexuales y homosexuales.
El acoso como la mayoría de las conductas patológicas, se da en todos los niveles socioeconómicos y culturales, en cualquier estado civil; sean casados o solteros, sean pareja actual o sean ex – parejas, e incluso en relaciones ocasionales.
Tal vez, la conducta de acoso en la pareja comienza siendo apenas perceptible para el otro, tan sutil, que no se dan cuenta que ya se han convertido en una patológica dupla víctima – victimario. Esta conducta comienza con un interés sobredimensionado en las actividades de la pareja, que se confunde frecuentemente con un amor sobre protector y cercano.
Pero si las endorfinas generadas en el enamoramiento nos permitieran poseer objetividad, nos daríamos cuenta que el verdadero amor no atosiga, no invade, y por el contrario, respeta la integridad y confianza del otro; eso nos ayudaría a detectar a tiempo a este tipo de personas que pueden llegar ser destructoras y a veces indestructibles.
Qué importante sería para las y los adolescentes así como para los adultos, darse cuenta de que las llamadas frecuentes durante todo el día, el querer leer los mensajes de texto de la pareja, el solicitar las contraseñas de los correos electrónicos y estar pidiendo que se reporten frecuentemente para saber y “estar tranquilos” de que la pareja se encuentre “bien” no es más que el inicio de lo que después puede convertirse en la más cruenta y desvitalizante guerra psicológica que aniquilará al otro, cuando ese otro se dé cuenta de que perdió su individualidad, su espacio y la falta de confianza en sí mismo, convirtiéndose en un ser atemorizado, altamente vulnerable e incapaz de librarse de esa pesadilla.
En muchas ocasiones, la víctima no se da cuenta de esas conductas hasta que la relación termina por otras causas y pasan meses o incluso años y el acosador sigue martirizando a la ex pareja, volviéndose una aplastante sombra que no le permitirá moverse ni retomar su vida normal, llegando en el peor de los casos a cometer actos violentos, a veces, de consecuencias trágicas.
Pero, ¿cómo detectar a este tipo de individuos con conductas de acoso? Realmente es difícil determinar el perfil de estas personas, ya que muchos de ellos no siempre fueron acosadores y por lo tanto no siempre presentan rasgos que alerten sobre esta conducta; pueden ser personas tímidas como también pueden ser personas extrovertidas y muy sociables, pueden haber tenido parejas anteriores como también pueden apenas empezar a tener vida en pareja, pero independientemente de analizar el origen y el perfil de estas personas, sí podemos enunciar algunas conductas dignas de tomar en cuenta desde un principio:
• Desmedido interés por conocer el pasado, presente y entorno de la pareja desde el principio de la relación
• Saber los lugares que frecuenta la pareja, sus amistades, su lugar de trabajo, direcciones o teléfonos de familiares y amigos con el pretexto de “estar tranquilo ante cualquier emergencia” y poder saber a quién recurrir
• Exagerado interés en las actividades de la persona incluso antes de establecer una relación formal
• Expresiones de “amor incondicional” incluso sin haber comenzado una relación
• Excesivas muestras de afecto, expresadas con continuos detalles y obsequios inusuales al principio de una relación (a veces, utilizados como herramientas de seducción o chantaje sentimental)
• Apariciones inesperadas en los centros de trabajo, de estudio o simplemente cuando el otro está reunido con su grupo de amistades, so pretexto de darle una sorpresa o de comentarle “algo importante que no podía esperar”
• Cambios abruptos de estado de ánimo sin razón evidente
• Celos desproporcionados
• Reclamos sobredimensionados si la pareja no se reportó determinado número de veces, aún cuando había avisado donde estaría o qué haría
En fin, puede haber más señales para advertir este comportamiento, pero lo que también es un hecho es que el victimario no existiría sin la víctima. Es la otra persona, la que desde un principio debe tener claro cuál es su espacio y lo que espera de la persona a la que se está entregando. Para ello no debe negociar su libertad ni sus decisiones individuales.